miércoles, 16 de octubre de 2013

EL FRASCO DE REMEDIOS



Cuentan que un día dos amigos conversaban y uno de ellos le dijo al otro que no creía que lo que la Biblia decía fuera cierto ya que él había pedido y no había recibido nada como dice el evangelio de Juan.

El otro, le aseguró que todo era cierto y que Dios nos da sólo cosas buenas, como un buen Padre.

- ¿Quieres decir que lo que yo he pedido no era bueno? Respondió ofendido el primero. Pedí aprobar un examen para obtener un puesto en una empresa europea para mejorar mi vida y la de mi familia, ¿Te parece que eso fue malo?

- No lo sé, pero estoy seguro de que si Dios no te lo ha dado es porque no era bueno.

Cuando ya estaban con los ánimos exacerbados entró la esposa del primer hombre con un niño de un año en los brazos. Como ella tenía que salir dejó al pequeño con su papá y le entregó la papilla para el niño y el frasco de remedios de su esposo con el fin de que éste no olvidara sus medicamentos. Le dio un beso y se fue.

No pasó mucho tiempo hasta que el hombre empezara a cumplir el encargo de su esposa pero el pequeño quería el frasco de medicinas, no la papilla y por más que el niño lloraba y hacía berrinche el hombre no se lo dio.

- Tu hijo debe creer que eres un mal padre, te está pidiendo ese frasco de medicinas y tú te empeñas en darle la papilla – dijo el amigo.

- ¿Quieres, que mate a mi hijo?, ¿Sabe un niño tan pequeño lo que es mejor para él? Yo le doy lo que le conviene porque nadie lo ama más que yo.

- Entonces, respondió el amigo, ¿tú sí sabes lo que conviene a tu hijo pero Dios no sabe lo que te conviene a ti?

Muchas veces nos enojamos porque no recibimos lo que pedimos o porque su respuesta demora, pero Dios, que es soberano, ve mucho más allá de lo que nosotros podemos ver y nos da aquello que es mejor para nosotros.

La negativa de Dios a darnos algo será lo mejor que nos puede suceder, aunque no lo comprendamos. Es igual que el niño de la historia, él no sabía qué sucedería si llegaba a tomar una de esas pastillas. Seguramente los colores o el sonido del frasco lo atraían pero no podía ni imaginar las consecuencias de ingerir su contenido.

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Jeremías 29:11

Pídele a Dios lo que anhelas pero sobretodo, confía en Dios porque nadie te ama más que Él.

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