miércoles, 18 de septiembre de 2013

PRISIONERO DEL PASADO - Por: Jorge Cota



Muchas personas permiten que su pasado defina quiénes son hoy. Como puedes ver, el pasado puede abrir paso en tu alma y crear una crisis de identidad.

Quizás haya sido un horrible apodo que todavía te persigue. Tal vez has experimentado cosas que aún te carcomen por dentro. Pudo ser esa noche en la cárcel, aquel arresto por conducir borracho, ese bebé abortado que todavía te sigue espantando, un matrimonio que terminó en divorcio; quizás fueron las apuestas, el alcohol, las drogas o la pornografía. No obstante, cualquiera que haya sido el caso, ese pasado todavía te define y distorsiona tu identidad hoy.

Dios quiere que superes tu pasado. Entonces, ¿Qué hacemos con la vergüenza y los monstruos del pasado? Es muy sencillo, tomas tu culpabilidad, tu pecado, tu pasado y te tornas honesto con Dios. No importa lo que hayas hecho o que tan sucio te sientas, que tan lejos te hayas desviado o que tan oscura haya llegado a ser tu vida. Simplemente sé honesto con Dios y permite que Su gracia, no la vergüenza, restaure tu alma y tu identidad a lo que verdaderamente eres. Tú eres un hijo de Dios perfectamente perdonado; amado con un amor infalible.

San Juan dijo: “Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos confiar siempre en que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”.

Es imprescindible comprender eso. La realidad de las cosas es que nadie es perfecto pero sí podemos ser perfectamente perdonados.

Cuando era niño me encantaba jugar con el pizarrón mágico. Podía pasarme todo el día jugando con él pero la cuestión más padre de ese juguete era que cuando me equivocaba, para borrar el dibujo, lo único que tenía que hacer era agitarlo y podía empezar de nuevo. Era magia.

El pizarrón mágico ilustra perfectamente lo que Dios hace con nuestros pecados cuando los confesamos.

De manera que no permitas ser prisionero del pasado ya que Dios te ama con un amor infalible, en el tiempo presente, a pesar de tu pasado.

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