lunes, 12 de mayo de 2014

EL PAPEL INSUPERABLE DE LA MADRE


No hay profesión que se le compare. La tarea de la madre en el hogar es insuperable. No tiene precio, ni puede medirse con nada. Desde el momento en que aceptó este gran encargo de manos del Señor, su vida cambió.

El regocijo con la noticia de que va a ser mamá; la sensación de tener a un ser humano en su vientre; los momentos previos al nacimiento; los dolores que experimenta momentos antes del parto; la incomparable alegría de tenerlo en sus brazos cuando nace; sentir sus labios succionando esa leche materna; las trasnochadas de todos los días…y pensar que eso es el comienzo de todo.

Desde ese instante, su vida está consagrada a sus hijos, a quienes tiene que criar –acompañada de su esposo- hasta el momento en que tengan que salir de la casa…Pero ni siquiera allí culmina su labor.

Y es que la incertidumbre de pensar en cómo les irá en la vida, hace que las emociones reemplacen al contacto físico que sentía cuando los abrazos y los besos se repartían a cualquier hora del día.

Hay muchos papás que participan en las actividades que realizan sus hijos, y eso es muy bueno. Pero la mente y el corazón de los hijos siempre tienen un lugar muy especial cuando se acuerdan de mamá.

Entonces papás, nos toca -como hijos y como esposos- agasajar a esa persona que apareció en nuestras vidas, en un momento determinado de nuestra existencia. Que no descansa nunca, que está pendiente -los 365 días del año- de todo lo que nos falta, en lo material y en lo espiritual. Y que no se queja del cansancio, de la soledad, de compartir -algunas veces- el trabajo en la oficina con la profesión más dura que persona alguna pudiera tener…la de ser madre.

Les deseamos, no sólo ahora, sino para siempre… ¡Que pasen un feliz día! ¡Gracias, mamás!

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