jueves, 12 de marzo de 2015

¿ HASTA QUE ALTURA QUIERO LLEGAR ?

¿Has sido admirador de alguna persona? Seguramente personas con diferentes talentos son parte de quienes admiras. Quizás artistas por la habilidad que tienen con las manos al realizar hermosos cuadros o adornos, deportistas por lo bien que juegan al futbol o hasta un cantante internacional. La pregunta es: ¿A qué personaje quisieras parecerte?
Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; (LBLA) Efesios 4:11-13

Muchos soñamos con ser como famosos artistas, pero ignoramos la altura a la que Dios quiere que lleguemos. Podemos tener muchos talentos y conocer a Cristo por muchos años, pero seguir siendo inmaduros, como niños que requieren un control para no pecar, con un carácter difícil de dominar y con las mismas debilidades de años atrás.
Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.
Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:25-28
Estoy segura que tienes un gran talento y en medida que lo desarrolles tendrás grandes logros, lo que quisiera que pongas en tu corazón ahora es que el Señor desea que alcances la condición de un hombre maduro, que puedas parecerte más a Cristo.
Nuestra meta de ser “grande” puede estar enfocada en tener autoridad, quizá en ser el centro de atención y admiración sobre mucha gente; sin embargo, ese sueño puede resultar muy superficial cuando no tenemos madurez. El Señor te dice que si quieres ser grande seas como Jesús, que vino para servir y no para que le sirvan, quién dio su propia vida para rescatar a muchos.
La verdad es que el primero al que deberíamos admirar es a Jesús, quién no se hizo conocer por estar en un escenario, hacer un espectáculo o un show, sino por salvar vidas. Si realmente deseas ser un hijo de Dios, acepta el reto de madurar y buscar ser como aquel hombre a quién le debemos nuestra vida.
¿Estás dispuesto a aceptar el reto?

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